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La Coctelera

Hippie Girl

No quiero amigos que no me quieran sin mis galones.

10 Mayo 2008

Carta a un maltratador

Fernando Orden Rueda 2º de Bachillerato, de Ciencias de la Salud. IES Bioclimático, de Badajoz.
II Premio del II Concurso Nacional 'Carta a un maltratador', convocado por la Asociación 'Juntos contra la violencia doméstica'.
Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado... porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras... Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu 'método de disciplina' intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?

Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe... La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.

Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.

Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!–dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.

Me puse contento antes de tiempo.

Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez…

Y sucedió.

Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.

Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.

Y ahora me dirijo a tí. Esta carta es para tí, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.

Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.

Tags: maltrato

servido por hippiegirl 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

emiro-enrique-vera-suarez

emiro-enrique-vera-suarez dijo

La vida nos da sorpresas, yo le extendi la mano a un guardia nacional que enamoraba a mi hija, ella tuvo un hijo de el. El padre de ese niño soy yo, su abuelo. Hay hombres que maltratan a las mujeres y en el fondo son unos enfermos sexuales y anomalos y nunca se insertan a la sociedad. ejemplo lo tenemos en el padre que maltrato a su hija y tuvo siete hijos de ella, no se porque no lo mato, en estos casos no pueden haber sentimientos que valgan. Debemos esforzarnos y buscar nuestra tranquilidad. la mujer no puede soportarle nada al hombre, la mayoria son unos sirvenguenzas y malparios

12 Mayo 2008 | 05:25 AM

Esther

Esther dijo

Sin saber que lo habias puesto en tu blog... ayer lo cogué en el mio! jeje

13 Mayo 2008 | 10:33 AM

2estrellas

2estrellas dijo

vaya que triste! No se que decir.........es una cosa horrible......demasiado......

13 Mayo 2008 | 11:25 AM

mercuriox

mercuriox dijo

Me encantaría decir que estos son casos aislados, pero la realidad es que sin importar la cultura, la clase social o algo más, a cada rato nos enteramos de tipos a los que el simio que llevan dentro sale a relucir. Cuando evolucionaremos lo suficiente para que la razón quede muy por encima del instinto animal... por el momento no tenemos mucho de que vanagloriarnos y llamarnos "seres inteligentes".

17 Mayo 2008 | 01:42 AM

Carmen Veronica

Carmen Veronica dijo

excelente relato, me sabia una historia parecida de un aborto.....

esas personas como ese cabron como dices no deberian existir...

6 Junio 2008 | 07:04 PM

Los comentarios están cerrados


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Aquí teneis una sagitario de 30 años con las cosas bastante claras y sin pelos en la lengua. Digo todo lo que pienso y casi todo lo que siento. Y hay a quien no le gusta oir o leer ciertas cosas... ¿y a ti?
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